
Un día me preguntaron qué era hogar para mí, por supuesto yo no respondí, al menos no en voz alta, pero eso no quita que lo piense cada día y que pensarlo me lleve a la angustia de sentirme encerrada en esta enorme casa, donde no me llega el wifi de una punta a otra.
La persona con la que convivo consigue que me arda el estómago de rabia, pero yo trago, callo y me encierro al final del pasillo, porque no me gusta pelear y porque no puedes argumentar una discusión con simplemente no te aguanto.
Voy convirtiendo este piso en algo cada vez menos acogedor, aunque quizás me halla metido en un circulo vicioso donde me va desagradando más el estar aquí por no tener tiempo ni ganas de querer pasar tiempo aquí.
Mi espacio vital se ha reducido a esta silla delante del ordenador, ni siquiera la cama me parece algo mío, si no hago más que trotar de una a otra ,sin contar las ajenas.
Se que los factores que me mantienen aquí presa desaparecerían si saliera de la península. Siempre me guardo en la manga el comodín de la isla pero nunca me atrevo a usarlo.
1 comentarios:
Yo he ido huyendo de diferentes casas. He pasado por muchas y a veces han sido pasitos hacia adelante y otras hacia atrás, dependía del bolsillo, normalmente. Es bueno encontrar un sitio al que llames hogar, creo yo... aunque sea un hogar sólo durante un año, o un mes.
La isla... suena reconfortante.
;)
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